Capítulo 100. Se acabó la paciencia.
Emma no esperó a Nicolás. Impulsada por una mezcla de rabia, se adelantó y llegó primero al lujoso edificio de Desiree Lorenzo.
Sus tacones resonaban sobre el suelo del pasillo con un ritmo amenazante.
Ignoró a la recepcionista, no lo pensó dos veces y empujó la puerta de la oficina de Desiree, irrumpiendo sin molestarse en llamar.
«Es hora de que me digas qué demonios tramas, Desiree», pensó Emma, plantándose con firmeza en el centro de la oficina.
Desiree estaba de espaldas, revisando unos ca