Capítulo 93. Viejos engaños.
Emma parpadeó, sorprendida por la rápida aceptación de su madre.
—¿En serio te parece bien, mamá? Pensé que te pondrías triste porque me llevo a los niños.
—Sí, hija, me parece perfecto. Como dicen por ahí: el casado, casa quiere. Y más ustedes, que apenas están empezando a construir esta hermosa familia. Necesitan su propio espacio.
Nicolás se inclinó ligeramente hacia Emma, aprovechando la distracción de las abuelas, y rozó sus labios contra el lóbulo de la oreja de su esposa.
—Así es... sobr