Capítulo 101. Mi esposa es una fiera.
Nicolás se detuvo en seco. Sus fríos ojos grises evaluaron la escena en una fracción de segundo: Desiree Lorenzo estaba aferrada a las solapas de su saco, fingiendo un llanto desesperado mientras se cubría la mejilla, y a pocos metros de distancia, Emma se mantenía de pie, con la barbilla en alto, los puños aún apretados y el pecho subiendo y bajando.
Lejos de lucir arrepentida o asustada por haber sido sorprendida, Emma le sostuvo la mirada a su marido sin un solo ápice de miedo o culpa.
—Lo s