Capítulo 82. La trampa perfecta.
Gerardo cerró la puerta de su auto con un portazo, aislando por completo el ruido del tráfico exterior.
Miró todo a su alrededor con fastidio, exhalando el aire que había contenido durante su amarga discusión con Sandra en el jardín.
Esa mujer ya era historia; su divorcio no era más que un trámite molesto. Ahora, lo verdaderamente importante estaba por comenzar.
Conectó el teléfono al sistema del tablero y marcó el número que se sabía de memoria. Sonó una, dos veces.
—Aló, Gerardo —respondió un