Capítulo 76. El rastro de tu perfume.
Nicolás acababa de salir de una junta de accionistas que lo había dejado con dolor de cabeza.
Se aflojó un poco la corbata mientras caminaba por el pasillo, dirigiéndose a su oficina privada para revisar unos contratos.
Estaba a punto de empujar la puerta, cuando de repente una voz lo detuvo.
—¡Nicolás Altamirano! —exclamó una voz de mujer, arrastrando las sílabas con una sensualidad inconfundible—. El terror del mundo empresarial.
Nicolás se giró. De frente, recostada ligeramente contra la par