39. Sarada era su único amor.
El Jeque Khaled observó a Sarada profundamente dormida entre sus brazos. Con sumo cuidado, se levantó de la cama sin hacer ruido, procurando no despertarla. Caminó hacia la mesita de noche y tomó su móvil, donde vio varias llamadas perdidas. Sus ojos se oscurecieron con una mezcla de decisión y agotamiento: había tomado una resolución.
Mañana mismo cancelaría su compromiso. Convocaría a los ancianos y a los ministros para dejar claro que no deseaba casarse sin amor, sin afecto. Sabía con certez