38. Confundida.
Sarada no respondió. Solo la observó con la frente en alto, sintiendo cómo una mezcla de emociones se revolvía dentro de ella.
—No la conozco... discúlpeme —dijo al principio, como tanteando el terreno.
—Claro que nos vimos una vez, cuando salí del despacho de Khaled. Tú eres la mujer que él... nunca logró olvidar.
Sarada alzó las cejas, confundida y en alerta.
—¿Tú eras... en ese momento la novia? ¿La amante? Porque también estuvo conmigo en esa época.
La otra mujer soltó un suspiro, como q