El sol de la mañana se filtraba por las cortinas automáticas, pero Valeria no se despertó por la luz. Se despertó por el calor.
Estaba atrapada en algo sólido, cálido y firme. Su cabeza no estaba en la almohada, sino sobre un pecho duro que subía y bajaba rítmicamente. Una pierna pesada estaba entrelazada con las suyas, inmovilizándola, y un brazo fuerte rodeaba su cintura con una posesividad absoluta, manteniéndola pegada contra un cuerpo masculino.
Valeria parpadeó, confundida, su mente lucha