Treinta minutos después, la escena en la cocina era un estudio de incomodidad. Ambos vestidos impecablemente para la guerra corporativa, bebiendo café negro sin mirarse. La tensión sexual de la cama se había transformado en una electricidad nerviosa.
Justo cuando iban a salir, el teléfono de Valeria vibró. Era un mensaje de Mía.
"Buenos días, solecito. ¿Qué tal el sistema de calefacción? Espero que Leo haya sido un buen radiador humano. 😉 PD: No me mates, fue por el bien del imperio."
Valeria se ruborizó violentamente y guardó el teléfono.
Leo desde la puerta, con las llaves en la mano, "¿Mía?"
"Sí. Pregunta si dormimos bien."
Leo soltó una risa seca, sin humor. "Esa niña va a arruinar mi vida. O a salvarla. Aún no lo decido."
Abrió la puerta para Valeria. Al pasar junto a él, Leo se inclinó involuntariamente hacia ella, luego se detuvo.
"Valeria. Sobre lo de anoche... y esta mañana."
"¿Sí?"
"La cama era lo suficientemente grande. Yo fui quien cruzó la línea. Para que conste e