Treinta minutos después, la escena en la cocina era un estudio de incomodidad. Ambos vestidos impecablemente para la guerra corporativa, bebiendo café negro sin mirarse. La tensión sexual de la cama se había transformado en una electricidad nerviosa.
Justo cuando iban a salir, el teléfono de Valeria vibró. Era un mensaje de Mía.
"Buenos días, solecito. ¿Qué tal el sistema de calefacción? Espero que Leo haya sido un buen radiador humano. 😉 PD: No me mates, fue por el bien del imperio."
Valeria