Dentro del palacio, el ambiente para Bianca era muy distinto. El tiro le había salido por la culata. Los inversores, fascinados por el discurso de "humanidad y arte" de Mía, la ignoraban por completo.
—Bianca, querida —la voz de Luna sonó detrás de ella. La madre de los mellizos había seguido la presentación por videollamada y ahora, a través de la pantalla de un iPad que sostenía un asistente, su mirada era letal. —He visto lo que intentaste hacer.
—Luna, yo solo quería que vieran la falta de