Bianca no se había quedado en el spa. Había regresado antes de tiempo, impulsada por una sospecha que le quemaba las entrañas desde que vio la cercanía de Julián y Mía en el jet privado. Al entrar en la habitación y ver el balcón abierto, su primera intención fue interrumpirlos, pero algo en la mesita de noche de Julián detuvo sus pasos: el cuaderno de cuero negro.
Con manos temblorosas y una expresión de triunfo cruel, Bianca abrió el cuaderno. Sus ojos recorrieron rápidamente los planos y las