CAPÍTULO 8. Evidencias anónimas.
Capítulo 8
Evidencias anónimas.
Isabela seguía en shock. Las palabras le habían caído como cuchillas en el pecho. Pero fue la reacción de Gabriel lo que la desestabilizó.
—¿Estás bien? —le preguntó él, girándose hacia ella.
No había dulzura. Pero sí una furia contenida en sus ojos. No por la humillación pública. Sino por la osadía de que alguien tocara lo suyo.
—Sí —respondió ella, aunque temblaba.
—No volverá a ocurrir —afirmó Gabriel con voz baja—. No dejaré que nadie te toque ni te ofenda.
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