EPÍLOGO.
Epílogo
El tiempo no avanzó como una línea recta después de todo lo ocurrido. No hubo un “después” inmediato que lo ordenara todo, ni una claridad repentina que acomodara cada pieza en su lugar.
Lo que hubo fue algo más humano, más real: días que parecían normales y, de pronto, recuerdos que irrumpían sin aviso; decisiones pequeñas que, con el paso del tiempo, comenzaron a construir algo parecido a una nueva vida.
La historia no terminó el día en que Carlos cayó. Tampoco el día de la boda.
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