CAPÍTULO 294. El enemigo en casa.
CAPÍTULO 294
El enemigo en casa.
El día amaneció con un ruido que nadie esperaba. No fue un estruendo, sino un aviso en la pantalla del ordenador de Silvio que, por sí solo, cambió la marcha de la mañana. Él miró la línea de tiempo, frunció el ceño y llamó a Gabriel con voz seca.
—Tenemos una solicitud de acceso —dijo sin dramatizar—. A los archivos internos. No es una prueba casual. Es desde una cuenta con permisos.
Gabriel llegó en menos de un minuto. No tuvo prisa para hablar; se sentó, miró la pantalla y luego al resto del penthouse como quien busca en cada cara una explicación posible.
Valeria apareció tras ellos. Entró con el ritmo de quien ya ha visto esto antes: registrar, asegurar, medir.
—No puede ser —murmuró—. ¿Permisos administrativos?
—Sí —respondió Silvio—. Y proviene de una identidad que antes no habíamos considerado peligrosa.
El silencio se estiró hasta ocupar la sala. Esos segundos siempre traen lo peor: miradas que se cruzan, preguntas que no se pronuncian.
—¿Quién