CAPÍTULO 281. La casa que espera.
Capítulo 281
La casa que espera.
La madrugada tenía un tono gris y cálido a la vez. En el penthouse, las luces bajas dibujaban sombras largas sobre la mesa donde habían dejado carpetas, números telefónicos y tazas de café abandonadas.
Nadie quería romper el silencio de la espera con gestos torpes; la tensión se sostenía en el aire como una tela tensa que cualquiera podía rasgar.
Gabriel se movía con la calma de quien conoce la gravedad del momento y la voluntad de domarla. No hablaba mucho: sus manos hablaban por él, organizando baterías de radios, comprobando que las rutas estuvieran claras, marcando en el mapa discretas rutas de salida alternativas por si algo salía mal.
Isabela estaba sentada, con la mirada vacía y la respiración medida; sus notas eran precisas, su voz llegaba mesurada cuando intervenía. Julián, en cambio, no conseguía quedarse quieto. Caminaba, se detenía, observaba la ventana como si en la ciudad hubiera pistas solo visibles desde ese ángulo.
Silvio revisaba e