CAPÍTULO 120. El peso de la balanza.
Capítulo 120
El peso de la balanza.
El aviso en rojo volvía a clavarse en la pantalla. Diego lo borró una, dos, tres veces; al cabo de unos segundos reaparecía como un ojo que no se cansa de mirar. Cada vez que el mensaje insistía —la línea fría, la orden sobria—, la casa parecía encogerse un centímetro cada vez más.
La cúpula de la mansión Herrera dejaba de ser un refugio y se transformaba en una caja acústica que amplificaba cada sonido: el zumbido del aire acondicionado, el tictac del relo