CAPÍTULO 121. La confesión de Diego.

Capítulo 121

La confesión de Diego.

La lluvia no dejó de caer en toda la noche. Golpeaba el cristal de la ventana como si quisiera recordar algo que nadie quería oír, afinando el pulso de la ciudad con un ritmo desesperado.

En el apartamento de Diego, la luz estaba baja; una lámpara de escritorio arrojaba un cono amarillento sobre la mesa donde la pantalla del portátil seguía encendida. Afuera, el mundo se deshacía en agua. Adentro, Diego se desmoronaba en silencio.

Llamó a Silvio en la madrugada con los dedos temblorosos. Su voz, cuando respondió, sonó extraña, como si tuviera dos segundos de distancia entre la exhalación y la palabra.

“Ven. Ahora”, dijo Diego. No explicó. Silvio tardó quince minutos en aparcar; llegó con la chaqueta empapada y la mirada de quien ya ha visto mucho y entiende que hay cosas que se cuentan solo una vez.

Diego abrió la puerta con un temblor que le corría por el labio superior. Invitó a Silvio a pasar con un gesto que no alcanzaba a ser cordial.

Cerró l
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