Raffael entró en pánico al no recibir respuesta de Lyra. El hombre decidió revisar la habitación de la joven.
Para su alivio, ella ya estaba dormida.
—Casi muero pensando que no estaba —exhaló Raffael con alivio.
Se acercó a Lyra, que dormía profundamente, y se sentó al borde de la cama, contemplando su hermoso rostro.
—Pobrecita, Lyra. Seguro me esperaste hasta quedarte dormida —susurró con ternura mientras acariciaba su cabello.
De pronto, el estómago de Lyra emitió un suave gruñido.
—Vaya, i