—Señor Raffael, ¿dónde estamos? —preguntó Lyra, que acababa de recobrar el conocimiento tras haber estado inconsciente toda la noche por efecto de la droga que le dio Elia.
—¡Tampoco lo sé, Lyra! ¡No recuerdo nada! Cuando desperté ya estábamos aquí dentro, ¡con las manos atadas! ¿Estás bien, Lyra?
Raffael y Lyra se encontraban de repente en una habitación con muy poca luz, tanto que ni siquiera podían distinguir dónde estaba la puerta de salida.
—¡Solo tengo sed! Me arde la garganta... ¿cuánto