Los sirvientes que acababan de llegar se acercaron a la habitación del señor con expresión de asombro. Sin embargo, no fue el romance entre Alice y Dante lo que los dejó boquiabiertos.
Fue que, por fin, Raffael los había sorprendido teniendo una cita en la habitación de Antonio e Isabella.
Desde hacía tiempo, los sirvientes de la casa ya sabían del amorío clandestino entre los dos. Pero ninguno se atrevía a denunciarlo, pues las reglas de trabajo en esa casa exigían cerrar los ojos y los oídos