Asya estaba allí, en un lugar completamente desconocido para ella. Sentada sobre una superficie suave que por la textura debajo de sus dedos supo que eran sábanas, así que aquello era una cama. Tras perder su visión los otros sentidos se le habían desarrollado realmente rápido.
La punta de sus dedos era más sensible pudiendo sentir con mayor claridad, su oído más fino pudiendo oír hasta los latidos del corazón o a una distancia más amplia que un lobo normal. Y hasta su olfato se había hecho más