El gruñido que salió de la garganta de Ilayen fue tal que pudo jurar que pudo ser escuchado afuera. La esclava al momento soltó su brazo y cayó de nalgas al suelo temblando. Su cuerpo se fue transformando en un pequeño lobo que escondía su cola entre sus patas.
-Lo siento, lo siento.
-No me toques con tanta familiaridad- Ilayen estaba molesto, podía sentir el calor de ella sobre sí que en comparación con su mate se sentía desagradable. Con razón los machos rechazaban a otras lobas una vez que e