Su cuerpo estaba empapado en sudor. Sentía que su vientre se estaba comprimido, quemando, doliendo al punto que la hacía perder el conocimiento por momentos. Asya se refugió en su cama, recostada de lado apretando sus piernas hacia su pecho, con tal de aminorar un poco el dolor. Se cubrió por completo con la colcha mientras temblaba.
Sus mandíbulas dolían de tanto apretar los dientes y en algún momento pudo jurar sentir algo caliente por sus muslos, pero para ese momento estaba sin fuerza en la