Vomitó, una y otra vez, dejando salir hasta la bilis de su estómago y aun así las náuseas no disminuyeron en absoluto.
Asya se sentía terrible. Estaba hecha un desastre. Marcas por doquier y no importaba cuánta agua se echara sobre su piel no podía quitarse el desagradable olor del alfa sobre ella. Estaba impregnado desde el interior. Y eso la hacía estremecer.
Se secó bruscamente las lágrimas que amenazaban con correr de sus ojos tras a última arcada donde ya no quedaba nada. Sus labios estaba