Mundo ficciónIniciar sesiónLa lámpara de aceite proyectaba un resplandor amarillento y danzante en la sala trasera de la posada White Hart, alumbrando motas de polvo que flotaban en el aire viciado. El lugar olía a humo rancio de pipa, cerveza derramada y madera húmeda. Allí, en una mesa apartada, Lord Ashford esperaba con la impaciencia contenida de un hombre acostumbrado a dar órdenes, no a esperar respuestas, y que no toleraba ser desafiado, ni por una mujer, ni por un fantasma.







