Mientras Tariq libraba su propia cruzada en el penthouse, a kilómetros de allí, en el frío y solitario hangar, Eleanor intentaba encontrar algo de calor en una manta vieja.
El momento de intimidad con Tariq la había destrozado. No era solo el alivio de la pasión, era la conexión que se abrió paso entre ellos. Él era dominante, sí, pero su desesperación era real, palpable. El recuerdo de sus manos, de su boca, de su cuerpo exigente, le quemaba la piel.
— Tariq ha sido mi salvavidas. Él es el con