Inicio / Romance / El Error Que No Puedo Olvidar / Capítulo 2 El Jefe que no debí tocar
Capítulo 2 El Jefe que no debí tocar

La torre de León Group en Santa Fe se alzaba como un puño de vidrio y acero contra el cielo gris de la mañana. Sofía Mendoza ajustó el blazer negro prestado sobre su blusa blanca y respiró hondo frente a los ascensores. El edificio olía a aire acondicionado caro y ambición. Ella solo olía a miedo.

—Sofía Mendoza, ¿verdad? —La recepcionista del piso 48 sonrió con los dientes demasiado blancos—. El señor León la espera en su oficina. Tercera puerta a la izquierda. No se retrase, por favor.

Sofía tragó saliva. El señor León. El CEO. El hombre que firmaba sus cheques y, según los rumores que había escuchado en el elevador, nunca repetía una orden dos veces. Perfecto. Solo tenía que sobrevivir seis meses como asistente temporal de diseño bilingüe. Seis meses para ahorrar lo suficiente y llevar a Lupita a un lugar donde Javier nunca las encontrara.

Empujó la puerta de vidrio esmerilado.

La oficina era enorme. Paredes de cristal que daban a la ciudad, un escritorio de madera oscura que parecía sacado de una película, y detrás de él, de pie, con las manos en los bolsillos del traje gris, estaba **él**.

El hombre de la máscara roja. El hombre que la había follado contra una pared en Polanco cuarenta y ocho horas atrás.

Sofía se congeló en la entrada. El corazón le dio un vuelco tan fuerte que sintió náuseas.

Él la miró. No sonrió. Solo inclinó ligeramente la cabeza, como si estuviera confirmando algo que ya sabía.

—Cierra la puerta, señorita Mendoza.

Su voz era exactamente como lo recordaba: grave, calmada, peligrosa.

Sofía obedeció. El clic de la cerradura sonó demasiado alto.

—Señor… León —logró decir. La voz le tembló y odió eso.

Mateo León se acercó sin prisa. Cada paso era medido. Cuando llegó a menos de un metro, el olor de su colonia —el mismo de aquella noche— le golpeó como una bofetada.

—Quítate la chaqueta —ordenó, suave.

—Señor, yo—

—Quítatela.

Ella se la quitó con dedos torpes. Quedó en blusa blanca de manga corta, el escote más bajo de lo que recordaba. Mateo la miró como si estuviera viendo a través de la tela.

—Así estás mejor —murmuró—. Igual que aquella noche. Aunque sin la máscara roja.

Sofía dio un paso atrás hasta chocar con la puerta.

—Esto… esto es un error. Yo no sabía—

—Que yo era tu jefe —terminó él por ella—. Lo sé. Tú tampoco sabías que yo era el hombre que te hizo correrte tres veces en menos de una hora.

El calor le subió por el cuello hasta las mejillas. Mateo dio otro paso. Ahora estaba tan cerca que ella podía ver las motas doradas en sus ojos oscuros.

—Escúchame bien, Sofía —dijo, usando su nombre como si ya le perteneciera—. Esa noche no fue un error. Fue el comienzo.

—No puede decir eso —susurró ella—. Yo… tengo que trabajar. Tengo una hermana. No puedo perder este empleo.

—Nadie te va a despedir. —Su mano subió, le apartó un mechón de cabello detrás de la oreja. El contacto fue eléctrico—. Al contrario. A partir de hoy eres mi asistente personal. Mi sombra. Mi responsabilidad.

Sofía sintió cómo se le erizaba la piel. El mismo hombre que la había follado como si no hubiera un mañana ahora hablaba de responsabilidad.

—Señor León, por favor—

—Mateo —la corrigió—. Cuando estemos solos, me llamas Mateo. Y cuando te folle en este escritorio —continuó, como si estuviera hablando del clima—, vas a llamarme como quieras. Pero siempre me vas a mirar a los ojos.

Ella jadeó. El calor entre sus piernas fue instantáneo, traicionero, vergonzoso. Mateo lo notó. Por supuesto que lo notó.

—Estás mojada otra vez —observó, bajando la voz—. Puedo olerlo desde aquí.

—Basta —pidió ella, aunque la palabra salió débil.

Él sonrió por primera vez. Una sonrisa lenta, oscura, que le hizo cosas peligrosas al estómago.

—No basta. Firmamos un contrato anoche, ¿recuerdas? —Sacó un documento del bolsillo interior de la chaqueta y lo dejó sobre el escritorio—. Aquí están las reglas. Tú las aceptaste cuando te corriste en mi polla.

Sofía miró el papel. Era un contrato de una página. Letra pequeña. Palabras que le quemaron los ojos:

**Acuerdo de confidencialidad sexual.**  

**Duración:** Indefinida.  

**Condiciones:** Relación exclusivamente física. Sin sentimientos. Sin preguntas sobre el pasado. Sofía Mendoza no puede renunciar durante los próximos seis meses. Mateo León se compromete a mantener el secreto y a protegerla de cualquier amenaza externa.

Al final, había dos firmas. Una de él. La otra… la suya. Ella la había firmado borracha de placer, sin leer.

—Esto es ilegal —dijo, aunque sabía que no lo era del todo. Era un contrato privado entre dos adultos. Y ella lo había firmado.

—Esto es necesario —corrigió Mateo—. Porque desde el momento en que te vi con esa máscara roja supe que eras mía. Y yo no comparto lo que es mío.

Se inclinó. Sus labios rozaron la oreja de Sofía.

—Bienvenida a León Group, señorita Mendoza. Tu primer día empieza ahora. A las seis de la tarde quiero verte en mi oficina con la puerta cerrada. Sin bragas.

Sofía sintió que las rodillas le fallaban.

—Y si no vengo —logró decir—, ¿me despides?

Mateo se apartó lo suficiente para mirarla a los ojos. En su mirada no había amenaza. Había promesa.

—No. Te busco. Y te recuerdo exactamente quién te hizo sentir viva por primera vez en mucho tiempo.

Dio un paso atrás, volvió a su escritorio y se sentó como si nada hubiera pasado.

—Puedes retirarte. La señora López te explicará tus funciones. Y Sofía…

Ella ya tenía la mano en el pomo de la puerta.

—No intentes huir. Ya te encontré una vez. No me costará encontrarte otra.

Sofía salió de la oficina con las piernas temblando y el corazón desbocado. En el pasillo, el aire acondicionado le heló la piel sudorosa.

Pensó en Lupita. En el ex que las buscaba. En el contrato que había firmado sin leer.

Pensó en la forma en que Mateo la había mirado, como si ya supiera exactamente cómo iba a romperla… y cómo iba a volver a armarla después.

Y por primera vez desde que huyó de Guadalajara, Sofía Mendoza tuvo miedo de algo mucho más peligroso que su pasado.

Tenía miedo de querer quedarse.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP