A pesar de que me encontraba embarazada de tres bebés, pude alcanzar a la gemela y, al sostenerla entre mis manos, ella me sonrió.
—Mami…
Cuando escuché a la niña decirme así, sentí como toda mi piel se erizaba por completo; era como si algo estuviera mal en todo esto.
—Maria Pía —sonreí con dulzura al decir su nombre—, no soy tu mami, soy tu tía Brielle o tu madrina, como quieras decirme. Tu mami se encuentra en el cielo.
Maria Pía me miró con confusión, luego bajó Monserrat por aquellas escal