Si no hubiera sido porque Roxana me sostuvo del brazo, probablemente me hubiera caído. Leía el mensaje una tras otra vez y parecía que todo era irreal, que esto era una broma de muy mal gusto y que me tomaban el pelo.
—Aleksander, él se ha despertado del coma. Necesito ir al hospital inmediatamente.
No pensé dos veces y le pedí al chófer que me llevara; pude ver que Roxana venía detrás de mí en su coche.
Cuando llegamos al hospital, Roxana caminó a mi lado; ella no tenía la intención de dejarme sola. No esperé a preguntar por lo que había visto, simplemente fui directo a la habitación y miré a varios doctores ahí.
—Aleksander.
Entré y fue en ese momento en que los doctores se hicieron a un lado; Aleksander estaba sentado y a su lado descansaba su celular.
—Aleksander —sonreí y las lágrimas comenzaron a agolparse en el borde de mis ojos—, al fin has despertado.
Fui corriendo a su lado y, sin pensarlo mucho, lo llené de besos; él reía y sus manos me acariciaban con gentileza. De repente