91: Entre perras nos reconocemos

Miré a aquella mujer de pies a cabeza y en ese momento terminé de confirmar que el hombre que había atropellado a Aleksander tenía mierda en la cabeza al cambiar a una persona como su esposa por esta tipa que venía con aires de gran señora.

—Por comenzar, tú no me vienes a exigir nada y te exijo que me guardes el debido respeto que yo sí me merezco. Lo peor que pueden hacer las amantes es venir con aires de superioridad cuando se sabe bien que si quieres seguir siendo la querida de un “señor”,
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