La adrenalina que recorrió mi cuerpo fue tan grande que sentí como una especie de fuego recorrer desde mis pies hasta mi cabeza.
—Aleksander —tomé del brazo a este hombre—, por favor, no me dejes sola, te lo pido.
Él no reaccionaba. Cuando la ambulancia estacionó, miré cómo los paramédicos lo bajaron a toda prisa y uno de ellos iba arriba de Aleksander haciendo RCP sin parar.
—Aleksander —fui corriendo detrás de él, pero fui detenida por una enfermera—. ¡Déjeme pasar, es mi esposo el que está ahí!
—Señorita, lo siento demasiado, pero necesitamos que espere afuera. En estos momentos, la prioridad es su esposo.
Sabía bien que los doctores necesitaban estar tranquilos, así que no tuve más opción que quedarme en la sala de espera. Caminaba de un lado hacia el otro; sabía bien que Aleksander había muerto; la cara de los paramédicos y aquella fina línea roja en el monitor me lo decían.
Miré una de las sillas y me acerqué a ella; no la ocupé para sentarme, sino para ponerme de rodillas y ju