La adrenalina que recorrió mi cuerpo fue tan grande que sentí como una especie de fuego recorrer desde mis pies hasta mi cabeza.
—Aleksander —tomé del brazo a este hombre—, por favor, no me dejes sola, te lo pido.
Él no reaccionaba. Cuando la ambulancia estacionó, miré cómo los paramédicos lo bajaron a toda prisa y uno de ellos iba arriba de Aleksander haciendo RCP sin parar.
—Aleksander —fui corriendo detrás de él, pero fui detenida por una enfermera—. ¡Déjeme pasar, es mi esposo el que está