¿De qué manera podía hablar con Analía para explicarle las cosas? Ella realmente no tenía la culpa, pero parecía tan mortificada que incluso estaba dispuesta a recibir una culpa que no era suya.
—No te preocupes, mi cielo. Nada de esto es tu culpa, cariño mío. Seguiremos manteniendo el contacto con Aleksander, solo que ahora no vamos a vivir aquí porque ya no tiene sentido hacerlo.
—¿Por qué no tiene sentido hacerlo? Es decir, tú y él son esposo y esposa. Se supone que los esposos viven juntos y se quieren mucho.
—Pero nuestro matrimonio es un tanto especial, digamos que no podemos estar en las condiciones en las que normalmente están otros matrimonios.
—¿Qué es lo que quieres decir? —el ceño de Analía se frunció con una enorme confusión—. No te estoy entendiendo nada.
—Lo que quiero decir es que Aleksander y yo nos hemos casado de mentiras. ¿Recuerdas las bodas en la feria del pueblo? —Analía asintió y pude ver cómo en sus ojos se vislumbraba una especie de entendimiento. —Bueno, ento