Claro que extrañaba a Aleksander, pero de nada servía querer luchar por una persona que definía nuestro matrimonio como una pesadilla total.
—No le des tantas vueltas a las cosas, amor —acaricié con cariño el rostro de Analía —ahora estamos aquí y es una nueva realidad; sabes bien que las cosas pueden cambiar de la noche a la mañana.
—Lo sé —los ojos de Analía se mostraron tristes—. Al final de cuentas, mi mamita así fue que nos dejó; la extraño aunque no lo quiera decir. Me gustaría visitar su