Claro que extrañaba a Aleksander, pero de nada servía querer luchar por una persona que definía nuestro matrimonio como una pesadilla total.
—No le des tantas vueltas a las cosas, amor —acaricié con cariño el rostro de Analía —ahora estamos aquí y es una nueva realidad; sabes bien que las cosas pueden cambiar de la noche a la mañana.
—Lo sé —los ojos de Analía se mostraron tristes—. Al final de cuentas, mi mamita así fue que nos dejó; la extraño aunque no lo quiera decir. Me gustaría visitar su tumba, en serio que sí; quizás cuando comience a tratar con normalidad a mi papito es que puedo pedirle que me lleve donde tienen a mi mamá; me gustaría hablar con ella de todo lo que está pasando.
—Está bien, cariño —acaricié su rostro—. Ahora quiero que vayas a descansar; recuerda que vas a entrar a la escuela y tenemos que levantarnos temprano.
—Está bien, madrina —ella me dió un beso en la mejilla—. Buenas noches, que descanses.
Analía se fue a mi cuarto; mientras tanto, me quedé sola y me