Tanto el señor Lennox como Aleksander llegaron a acompañarnos; les serví café a los adultos y a Analía un vaso grande de leche.
—Te quedaron deliciosas, tía Brielle —Analía mojaba una de las galletas en la leche mientras tenía un pedazo en su boca—. Eres la mejor a la hora de hacer estas cosas.
—No hables con la boca llena, querida mía —tomé mi café y una galleta—; es de mala educación.
—Hablando de educación —Aleksander jugaba con una de las galletas de naranja—. Sor Pilar me dijo que está esperando conocer a Analía; ya tiene un cupo en ese colegio y es importante concretar todo; la lista de espera es enorme.
—Está bien, una vez que estemos bien acomodadas, pues iremos donde Sor Pilar.
Aleksander solamente asintió y comió su galleta luego de esto. Él se quedó en total silencio y el señor Lennox lo quedó mirando con una sonrisa llena de nostalgia.
—No tienes que decir nada —el señor Lennox puso su mano en el hombro de Aleksander—; realmente tus ojos lo dicen todo.
Me sorprendió ver a