26: Una mujer poseída.
Aquella mujer parecía estar poseída, sabía bien que no era el sitio y tampoco el momento para que Analía estuviera ahí.
—Cariño, quiero que vayas donde tus hermanas y te quedes ahí hasta que yo llegué —puse a Analía en el suelo —vete y no me lleves la contraria.
Analía no se opuso y simplemente se fue sin mirar hacia atrás. Miré en mi delantal y vi que las cáscaras de naranja estaban ahí, así que las tomé y se las lancé a esa mujer con una precisión que la hizo resbalar, con la mala suerte de que su falda se quedó engarzada en una de las puntas que tenía la reja.
—¡Maldición, bajenme de aquí!
Los empleados iban a hacer algo para ayudarla, pero debido a que ella se movía como si estuviera el doble de poseída pues terminó por rasgar la tela de su falda y se fue de bruces al suelo.
—Demonios —giré mi cabeza al mirar su ropa interior —¿En serio no te molesta tener eso en medio de las nalgas?
Ella llevaba un hilo dental que dejaba muy poco a la imaginación, el señor Lennox y varios empleado