26: Una mujer poseída.
Aquella mujer parecía estar poseída, sabía bien que no era el sitio y tampoco el momento para que Analía estuviera ahí.
—Cariño, quiero que vayas donde tus hermanas y te quedes ahí hasta que yo llegué —puse a Analía en el suelo —vete y no me lleves la contraria.
Analía no se opuso y simplemente se fue sin mirar hacia atrás. Miré en mi delantal y vi que las cáscaras de naranja estaban ahí, así que las tomé y se las lancé a esa mujer con una precisión que la hizo resbalar, con la mala suerte de qu