No respondí a su pregunta, solamente besé su cuello como si mi vida dependiera de ello. La punta de mi lengua se deslizó sobre la piel nívea de este hombre que parecía darme una invitación.
—Brielle, no puedo creer que hagas esto —declaró con voz ronca mientras sus manos me tomaban de la cintura para acercarme más a él—. ¿Eres consciente de lo que estás haciendo?
—No hables tanto, en serio que no. Porque mi cordura va a arruinar el momento si toma las riendas del asunto.
Terminé de quitar su ca