Miré a Aleksander; tenía que reconocer que me sentía un poco incrédula de lo que estaba viendo. Él apartó la mirada y parecía que estaba avergonzado por todo lo que estaba pasando.
—No puedo creer esto —comencé a reír a carcajadas—. Quiero que te levantes de ahí; conmigo no son necesarias todas estas formalidades, ni que fuera que nos vamos a casar de manera genuina. No hay sentimientos de por medio y eso es algo que tengo muy en claro.
Al final puse la cama a las gemelas, que ya estaban totalmente tranquilas e incluso balbuceaban como lo que eran, unas bebés.
—Vamos, ven aquí —levanté a Aleksander de donde estaba y luego extendí mi mano izquierda—. Solo pon el anillo y eso es todo; recuerda que esto lo hacemos por mero protocolo.
Un anillo que se miraba antiguo fue el que descansó en mi dedo; me di cuenta de que esto no era algo para tomarse a la ligera y, de cierta manera, pues sentí que era especial.
—Es un anillo hermoso, ¿En dónde lo has comprado?
—Era el anillo de compromiso de