Esperábamos con ansias al testigo; cuando las puertas de la mansión se abrieron, fue que miré al investigador privado que le ayudaba a una anciana a bajar del carro.
—¿Quién es ella? —pregunté entrecerrando los ojos—. No sé, de alguna manera se me hace conocida.
—Veremos quién es. El investigador privado me dijo que había descubierto algo muy interesante y que de paso nos iba a dejar con la boca abierta cuando nos diéramos cuenta.
—Espero que sea algo bueno y no malo, porque de lo último ya tene