Tomé la mano de Aleksander lo más fuerte posible; él me guio hasta el salón y quedamos a la mitad. Mis ojos no se apartaban de mi esposo y de la manera en que caminó en mi dirección mientras estaba cargada de una inmensidad de nervios.
—¿Me haces el honor de bailar esta pieza conmigo, esposa mía?
Coloqué mi mano en la suya; no sabía lo que hacía y nunca antes había bailado. Estaba nerviosa, no quería pisarlo.
—Solo sigue mi ejemplo —él susurró cerca de mi oído.
Dimos vueltas despacio y después n