Narrado por Emma
El salón principal de la mansión Gallardo resplandecía con una opulencia que me asfixiaba. El tintineo de las copas de cristal de bohemia y las risas fingidas de los inversores se clavaban en mis oídos como agujas. Llevaba puesto el vestido azul, ajustado como una segunda piel, y una máscara de cortesía que amenazaba con romperse en cualquier momento.
A mi lado, Dylan se movía con la gracia de un depredador en su hábitat natural. Su mano no se apartaba de mi cintura, apretando