Narrado por Noah
La madrugada se filtraba por las rendijas de la persiana metálica, bañando el camarote en una penumbra azulada y fría. Sin embargo, el calor que emanaba del cuerpo de Emma, acurrucada contra mí, era lo único que mantenía el mundo en su sitio. Me desperté sintiendo el roce suave y firme de su trasero desnudo contra mi pelvis, una fricción que encendió de inmediato un fuego que apenas se había apagado unas horas antes.
Me incliné sobre ella, recorriendo con mis labios la curva de