Narrado por Noah
La noche cayó sobre nosotros como una losa de mármol, gélida y despiadada. Las luces de los generadores de la base cortaban la oscuridad con destellos amarillentos, revelando una nube de polvo que se negaba a asentarse. Mis manos estaban en carne viva; las uñas se me habían roto hace horas y la sangre se mezclaba con la tierra oscura, pero no sentía dolor. El único dolor que registraba mi sistema era el vacío asfixiante en el pecho cada vez que gritaba su nombre y solo obtenía