Narrado por Noah
El sonido de la sirena de la ambulancia rebotaba en las paredes de mi cráneo, una sinfonía estridente que competía con el rugido de mi propia sangre. Tenía las manos aferradas a las de Emma, sintiendo cómo ese calor vital que tanto me había costado proteger se escapaba entre mis dedos como arena fina. Estaba fría. Tan condenadamente fría.
—¡Aumenta el flujo de oxígeno, Cassy! —grité, aunque mis ojos no se apartaban del rostro pálido de Emma.
—¡Está al máximo, Noah! ¡La presión