Capítulo 86

El sonido del grafito deslizándose sobre el papel manteca era la única música que necesitaba aquella mañana. No estaba el eco opresor de las paredes de vidrio de un penthouse, ni el murmullo burocrático de los pasillos de la municipalidad. Solo estaba mi espacio. El olor a café recién hecho se mezclaba con el aroma a madera nueva de las estanterías que yo misma ayudé a montar.

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