Alex
Las palabras que acababa de pronunciar aún flotaban en el aire denso de la habitación, cargadas de una vulnerabilidad que jamás le había permitido ver a nadie. Esperaba el impacto de la respuesta de Clara —un «sí», un «no», o incluso un silencio cargado de resentimiento—, pero el destino, como siempre, tenía su propio cronograma.
Antes de que ella pudiera formular una sola sílaba, el sonido de las puertas dobles al abrirse interrumpió nuestro universo particular.
—¡Hija mía! ¡Oh, Dios mío,