Alex
El octavo día trajo una claridad pálida a través de las persianas de la UCI. Clara estaba sentada, apoyada en varias almohadas; su piel aún ostentaba el tono de marfil del trauma, pero sus ojos... sus ojos estaban más presentes, aunque cargados de una inquietud que me daba escalofríos. Me senté a su lado, sosteniendo su mano, sintiendo cada pequeña pulsación como un milagro que todavía temía perder.
—Alex... —comenzó ella, con la voz un poco más firme, pero puntuada por una respiración cor