Mundo ficciónIniciar sesiónCosta Adriática. Refugio de Darío:
El refugio en la costa comenzaba a traerlo de los nervios, Darío miraba el mar sin verlo, mientras la furia contenida le hervía en la sangre. La imagen de Luciana, ¡su Luciana!, de vuelta en la Villa bajo la vigilancia de Greco, lo consumía.
« Medio hermanos », él pensó, y Greco pasó a segundo plano.
La creencia era un veneno lento, un muro de hielo que estrangulaba todo lo que sentía, el placer robado, la conexión visceral, la pasión prohibida... todo se había convertido en culpa, y lo peor, el recuerdo del rostro de Luciana, y su desesperación, la habían forzado a tomar decisiones que lo alejaban.
— Señor, debe comer algo. Lleva horas aquí — Adriano le dijo dejando una café sobre la mesa y desapareciendo de nuevo.
Elena, su apoyo y confidente, le tendió un ca







