El clímax fue una descarga eléctrica que sacudió el cuerpo de Dario, más violenta y prolongada que el ataque de tos que lo había hecho colapsar. Fue un grito silencioso que solo ellos dos compartieron. Al final, ambos quedaron exhaustos y sudorosos, jadeando en el vapor que creaba el contraste de la piel, contra la piel.
Luciana se desplomó sobre su pecho con la cabeza apoyada sobre su hombro, y él la abrazó con la poca fuerza que le quedaba, sin soltarla, anclando su barco en ella en medio de