Las semanas de entrenamiento habían transformado a Luciana de una mujer diferente, pero la disciplina física y el haber aprendido a disparar no mitigaban su sensación de encierro. La villa, tras la partida de Dario rumbo a Roma, se sentía aún más fría y vigilada, ni siquiera los hermosos paisajes lograban levantarle el ánimo.
A todas estas, Darío no había podido verse con Elena, continuaba en el anonimato, escondido, y esperando un momento adecuado para contactarla, pero Marco y los secuaces de