El olor a hierbas secas, tierra húmeda y conocimiento antiguo inundó por completo el baño privado y se extendió hacia el dormitorio principal en cuanto el sanador cruzó el umbral. El Curandero de la Manada Luna Ancestral, un Beta llamado Elías, era un hombre de complexión tranquila, de mediana edad, poseedor de unos ojos oscuros sumamente penetrantes y unas manos que, al tacto, resultaban increíblemente cálidas.
Xavier me había sacado del baño cargándome en vilo como si fuera un simple saco de